| Comportamiento de la paloma de competición (Columba livia) durante el periodo de la muda y cría. |
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Javier Martínez Saavedra Facultad de Ciencias del Mar, Universidad de Las Palmas de Gran Canaria, Campus de Tafira, 35017. Las Palmas de Gran Canaria, España.
RESUMEN Las palomas de competición o mensajeras (Columba livia) presentan un comportamiento diferente según el periodo del año en el que se encuentren, ya sea durante la muda (septiembre-octubre), la reproducción y cría (noviembre-diciembre) o durante el periodo de competición. Las parejas jóvenes tienen un mayor éxito de cría que las más adultas.
Palabras claves: Columba livia, comportamiento, muda, cría.
INTRODUCCIÓN Las palomas (Columba livia) habitan en ambientes muy antropizados, tales como cornisas de edificios, parques, casas abandonadas y, por supuesto, en jaulas (Cramp, 1985). Así, las palomas de competición están entrenadas para regresar con rapidez a su palomar. No se conoce aún el mecanismo exacto de cómo encuentran el camino de regreso incluso desde grandes distancias. Las investigaciones sobre la conducta y la migración animal indican, no obstante, que emplean una combinación de recursos de navegación (Beaugrand, 1976). Son aves monógamas y su ciclo reproductivo es muy corto, entre los meses de marzo a agosto, dando lugar a tres o cuatro crías al año (Del Rey, 1999). No obstante, esto puede variar en función de la estrategia del colombófilo, retardando la puesta, como ocurre en los meses de competición (Febrero a Julio) (Mödinger et al., 1998). Después viene la muda y tienen otra segunda puesta en otoño. En cada una de las puestas ponen 1-2 huevos blanquecinos, de los que generalmente salen un macho y una hembra (Vindevogel y Duchatel, 1985). Las palomas ponen cada 45 días (Arieli et al., 1988). Anidan entre 10 y 12 días antes de la puesta. La incubación dura diecinueve días aproximadamente (Roch, 1968). Los pichones son expulsados del nido a los 25 días de edad, cuando ya pueden valerse por sí mismos. Cuarenta y cinco días después de la anterior, se realiza una nueva puesta (Rocha e Hidalgo de Trucios, 1999). Durante el cortejo las palomas pueden mostrar diversos comportamientos como puede ser el arrullo (sonido típico de estas aves), etc. (Shimizu, 1999). El objetivo de éste trabajo es describir el comportamiento reproductivo de la Columba livia en cautividad.
MATERIAL Y MÉTODO El estudio se realizó desde finales de septiembre a finales de diciembre de 2008, usando para ello un palomar con 250 palomas de competición, ubicado en Las Palmas de Gran Canaria (España). Del total de aves, sólo 35 parejas eran reproductoras, y otras cinco se mantenían en reserva por si fallaba alguna de las anteriores. Dicho palomar presentó siete subdivisiones donde se mantenían de ocho a doce individuos en cada una de ellas. El palomar tiene un largo total de 14,30 m y un ancho de 2,80 m, dividido en seis departamentos individuales, donde se mantenían entre ocho y doce aves. Dos de estos departamentos se utilizaron para alojar a los reproductores, dos para individuos adultos no reproductores, separados por sexos, y dos para mantener a los pichones, también separados por sexos. Además, cada departamento presenta un número similar de casetas (nidos) y posaderos. La observación del comportamiento en los periodos de cría y muda, se realizó desde una distancia aproximada de 1,5 metros, durante dos semanas cada uno. Durante la muda, que es la caída de las plumas y su posterior regeneración, sin quedarse nunca sin plumas, y que ocurre una vez al año, los machos fueron separados de las hembras. Sin embargo, durante la cría, si en el palomar había más criaderos que parejas se cerraron todos los criaderos vacíos para evitar que las parejas que hubieran realizado la puesta se cambiasen a éstos para descansar y reducir las interacciones agresivas dentro del palomar (Sánchez, 2000).
RESULTADOS Durante la muda las palomas cesan el comportamiento del cortejo. Para ayudar a realizar una buena muda los cuidadores (colombófilos) permiten que éstas se bañen una vez a la semana. La cría se produce durante los meses de noviembre y diciembre (una vez terminada ésta, se separan las hembras de los machos). Se observó que las parejas eran las mismas que las establecidas en años anteriores, confirmado que son aves monógamas. Además, se constató que las parejas de más edad son las que cogen los criaderos de la parte más alta del palomar. Las parejas más jóvenes tienen un mayor número de huevos viables (Kruskal-Wallis NOVA, H (N = 129)=16,3; p = 0,003; Fig. 1). Diferencia que se mantiene también durante la segunda puesta a favor de dichas parejas más jóvenes (Kruskal–Wallis ANOVA, H (N = 43)= 10,5; p = 0,03; Fig.2). No obstante, en el tercer periodo de puesta no se observó ninguna diferencia significativa entre parejas.
Una vez que los polluelos alcanzan un nivel de desarrollo adecuado, son los machos adultos los que los expulsan del nido a picotazos.
DISCUSIÓN La muda puede ser definida como la renovación de los tegumentos (recubrimientos del cuerpo) que se produce en muchos animales. En el caso de las aves como la paloma mensajera, la muda puede implicar la alternancia estacional entre plumajes de distintas características (Grassé, 1980). Las plumas más antiguas se desprenden poco a poco, de manera que el animal no queda desnudo (con la excepción de algunos tucanes), ni presenta calvas. La muda de las plumas responsables del vuelo puede obligarles a permanecer en el suelo y buscar refugio durante un corto período del año (Ferrán-Andreu, 1985). El proceso de renovación suele iniciarse en la cabeza y avanzar hacia la cola (Moreno-Ortega, 2001). Las palomas presentan un aspecto más debilitado ya que se les van cayendo las plumas día a día. Hay que tener cuidado con la muda, ya que una buena muda implica una mejor condición física para poder realizar las distancias largas que recorren durante las competiciones y viceversa (Ferrán-Andreu, 1985). Por ello, los colombófilos les aportan un tipo de comida distinto al que se le da en otra época del año, con más hidratos de carbono y distinto tipo de grano (Rathgeber, 1997). Lo más peligroso de la muda es cuando se empieza a cambiar la primera pluma, ya que la condición física de las palomas se debilita considerablemente, un aspecto especialmente importante en las palomas de competición (Sánchez, 2000). Así durante este periodo se pudo observar individuos enfermos, con plumas con crecimiento mayoritariamente defectuoso, otros con muda malformada debajo del vientre (con plumas no abiertas del todo y en forma de plumón a modo de púas, tal y como describe Bloms, 1957). Por otro lado, cuando el macho está iniciando el periodo reproductivo realiza un vuelo especial a modo de cortejo, planeando con las alas en posición elevada. Una vez que llega al suelo, el cortejo continúa: hincha su pecho, se inclina hacia la hembra y emite el típico graznido inequívoco de las palomas. Mientras tanto, la hembra baja la cabeza, esta es la señal para que inicie la cópula (sensus Montiel, 2000 a y b). La puesta se verificó cada 45 días, confirmando lo expuesto por Grassé (1980). Todas las palomas se echan juntas y entre 10 y 12 días ponen los huevos. La incubación duró 19 días aproximadamente, al igual que lo previamente descrito por Roch (1968). No obstante, se observó en todas las ocasiones, que las parejas reproductoras más jóvenes tenían más éxito en cuanto a la viabilidad de los huevos, ya que la mayoría de las veces nacían los dos polluelos vivos. Cuarenta y cinco días después se verificó una nueva puesta (2008). Los pichones fueron expulsados del nido a los 25 días de edad por parte del progenitor, cuando ya podían valerse por si mismos. Estos comenzaron a comer solos a los 21-25 días de edad. Es en este momento cuando el colombófilo los coloca en el suelo para que tengan mayor movilidad, agua y comida cerca, y se independicen así de sus padres (Cramp, 1985), evitando que el macho les picotee para expulsarlos del nido. Si por el contrario se les deja en sus nidales las hembras empezarán una segunda puesta aún con los pichones en el nido, descuidando su alimentación (Ferrán-Andreu, 1985). Sin embargo, los pichones en el suelo llaman con su piar a los adultos, que los alimentan indiferentemente de que sean sus hijos o no, a la vez que aprenden a alimentarse por sí solos imitando a los mayores (Márquez-Prats, 1994). Si alguna paloma cría a nivel del suelo, suele agredir a los pichones cuando se acercan a su puesta o a los propios pichones que estuvieran ya criando, hasta el punto de matarlos (Grassé, 1980). Igualmente, como las parejas se cambian cada año, éstas deben ser mantenidas separadas para evitar que se vean entre ellas y puedan picar los huevos de la otra pareja (Ally, 2000).
AGRADECIMIENTOS Agradezco a D. Guillermo Topham Reguera (La Real de Gran Canaria), por su ayuda continua en este trabajo y ampliar mi conocimiento sobre esta especie.
J. Martínez-Saavedra. 2009. Anales Universitarios de Etología, 3:23-28 Publicar en... |



















